sábado, 25 de abril de 2009

Por Antonio Felix, de El Mundo

LA AFICIÓN DEL SEVILLA 'ESPERA' A SU EX TÉCNICO
Desmontando a Juande



Ganó cinco títulos en el Sevilla jugando un fútbol estupendo, fue despedido en el Tottenham tras perder mucho con un fútbol regular y bate marcas de imbatibilidad en el Madrid practicando un fútbol horrible. Los últimos trazos de su trayectoria resumen el enigma Juande. El domingo vuelve al escenario que le catapultó. Quizá, también, al lugar donde más profundamente se conozca la verdad de este personaje poliédrico.

Su secreto. Su feroz pragmatismo. Juande es la razón pura, en ocasiones incluso la razón más burda. Uno de sus lemas favoritos es "jugando bien se gana más que se pierde". Sin embargo, no es el primero. Antes exige crear un bloque, armar defensivamente al equipo. "Sin eso, no hay nada". En el Sevilla alcanzó ese segundo grado. No obstante, pocos recordarán que, inicialmente, el equipo jugó mal, tan mal como el actual Madrid. En apenas 10 jornadas, el Sánchez Pizjuán se le echó encima. Juande reaccionó con un conservadurismo atroz. Ganó los siguientes partidos. A partir de ahí, el equipo creció hasta el nivelón con el que logró en dos años más títulos para el club que en los 100 anteriores. Probablemente, imita el plan en el Madrid. La estructura defensiva remite a aquel Sevilla. Lass es tan imprescindible como antaño Poulsen. Lamentablemente, se ha estancado. Alcanzada la seguridad, no hay atisbo de progresión hacia el buen fútbol.

Físico. Fundamental para Juande. En el Sevilla se encontró con un equipo de físicos ya formado, con un plan de largo recorrido y un aporte extra con la contribución del doctor Escribano. Juande unió a este elenco a su hombre de confianza, Marcos Álvarez. El Sevilla fue un cañón. En el Madrid, la situación con que se topó era muy distinta. Un objetivo prioritario fue optimizar la fuerza con que contaba. Parece que lo está consiguiendo. El manchego es un enamorado del fútbol enérgico –la Premier es su preferida–, poco amigo de los trotones o ligeros, por mucho talento que tengan. Ésa es la desgracia de gente como Guti o Saviola, al que echó del Sevilla.

Método. El estilo Juande se identificó como una querencia por el ataque. Es un mito. En realidad, sólo ejecutó un fútbol brillante en el Sevilla. En el resto de equipos (Málaga, Betis...) fue un estupendo gestor de plantillas. Jugó como pudo. Es otra virtud de Juande: su capacidad camaleónica para adaptarse a los recursos. Como alineador está muy por encima de como planificador. Antes de marcharse del Sevilla, dejó ronchas como la de Koné, el fichaje más caro de la historia del club (12 millones). Del Tottenham, mejor ni hablar. Formalmente, su hermetismo es proverbial. En Inglaterra lo tacharon de cazurro por ser incapaz de tejer dos frases en inglés y apuntaron a eso como la clave de su fracaso. Probablemente se equivocaron. La oratoria nunca fue el fuerte de Juande en ninguna lengua.

Ética. Tampoco es su punto fuerte. La cuestión es especialmente pertinente en un club como el Madrid, donde (al menos antes) se miraban otras cualidades aparte de las deportivas. La huella humana que ha ido dejando no ha sido precisamente ejemplar. En Sevilla quedó retratado por su sumisa actuación junto a Lopera en la redada de Halloween durante una fiesta nocturna en casa de Benjamín. Y, sobre todo, por su bochornosa huida al Tottenham con la temporada empezada, ante la primera participación en la Champions del Sevilla, tras faltar a la promesa con su presidente y poco después de que falleciera Antonio Puerta.
Todo eso pudo menos que la tentación de convertirse en el entrenador mejor pagado del mundo. Por eso, el domingo, la afición recibirá con billetes falsos a quien fue su gran ídolo. Del Nido, todavía hoy, se sigue acordando de lo que le dijo un colega cuando le pidió su opinión para contratar a Juande (el otro candidato era Javier Aguirre): "Ficharás a un buen entrenador, pero no a una buena persona".

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